El empoderamiento del imbécil

El empoderamiento del imbécil

Las redes sociales han dado voz pública a todo el mundo, incluidos los más imbéciles, amargados, rencorosos, necios y demás ralea humana. Con discutible criterio, a esto se le llama “efecto democratizador” de las nuevas tecnologías, como si la participación de esta gente en el debate público significara que tenemos más o mejor democracia. Yo más bien creo que la aportación de estos activistas del insulto y el escarnio no tiene nada de provechoso, contamina debates que podrían ser interesantes y empobrece el diálogo porque disuade de participar a los mejores polemistas –que no por casualidad son los más civilizados y respetuosos con la opinión ajena-. En resumen: estos bárbaros de las redes son el spam de la democracia, y sus mensajes merecen el mismo destino que los emails no solicitados: la papelera virtual.

Para combatir este efecto pernicioso, lo mejor que podemos hacer con ellos es ignorarles. Tal vez así se cansen y se dediquen a otra cosa, si es que saben. Responderles significa empoderarles, incluso probar como eficaces sus métodos y su lenguaje porque nuestra respuesta implica una ganancia para ellos. La mayor parte de estos mensajes destructivos no pretenden convencer a nadie, ni cambiar una corriente de pensamiento, ni por supuesto enriquecer una conversación con una idea que invite a pensar. Lo único que parece perseguir su acomplejado autor es precisamente la respuesta de alguien a quien en el fondo admira y envidia.

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Por todo eso y más, Piqué se ha equivocado al anunciar que dejará la selección cansado del ciberacoso al que se le somete. Por supuesto, es muy libre de hacer con su vida lo que quiera, y tiene razones para estar harto, pero a partir de ahora todos sabemos que es alguien que se deja influir por lo que se diga sobre él en la red y eso no va a hacer que le dejen en pazo sino todo lo contrario. ¿Quién ha ganado? La democracia no, desde luego.

Y si las ganas de responder a los insultadores son insoportables, siempre se puede hacer de una manera mucho más inteligente para invertir la ganancia y dejar a cada uno en el lugar que se merece; como sucede con la famosa campaña “Celebrities read mean tweets” del programa de Jimmy Kummel.

 

 

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