Cuando algo es gratis, el producto eres tú

Cuando algo es gratis, el producto eres tú

Aun no hace tres años desde que Facebook puso sobre la mesa una montaña de dólares para quedarse con Whatsapp, aplicación de mensajería gratuita universalmente extendida.

Al día siguiente de conocerse la noticia de esta adquisición, el súper-afortunado cofundador de Whatsapp, Jan Loum, hizo unas famosas declaraciones públicas afirmando lo siguiente: “a partir de ahora, esto es lo que cambiará para vosotros, usuarios: nada”. Lo dijo además, después de anunciar que se incorporaba a la estructura de Facebook, donde cobraría lo mismo que Zuckerberg: un dólar; o sea, casi nada.

Nada es una palabra clave cuando se trata de hablar de Whastapp, porque nada es lo que pagan los usuarios por usar este servicio… a menos, claro está, que exista una nueva manera de pagar. Que algo sea gratis no significa que no tenga un coste para su usuario; un coste que no se paga con dinero sino con intimidad o deterioro de la calidad del servicio por el que antes se pagaba. Solo así se entiende lo que es aparentemente inexplicable, porque nadie en su sano juicio puede pensar que Facebook apoquinó esos 29.000 millones de dólares por “nada”. Una cosa es que Mark Zuckeberg sea recibido en el Vaticano por el Papa Francisco como un gran benefactor de la humanidad y otra que este joven multimillonario se desprenda del dinero desinteresadamente, y mucho menos para comprar una empresa que no cobra nada a sus clientes.

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Más bien al contrario, lo de comprar Whatstapp fue una inversión, y este verano hemos tenido una prueba más que evidente de ello. Parece ser que donde se dijo nada había algo, y ese “algo” se llama datos, el petróleo del siglo XXI. Ocurre lo mismo que con los salarios monodólar de Zuckerber y Loum. ¿De verdad alguien se cree que eso es lo que ganan estos tipos por trabajar en una de las empresas más valiosas del mundo?

Muchos usuarios de esta aplicación se han indignado al conocer que Whatsapp compartirá información de sus clientes con Facebook, una red social que –atención-tampoco cobra “nada” a sus usuarios (por cierto: ¿es correcto decir clientes cuando se trata de un servicio gratuito?).

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El que se indigna con todo esto debería revisar sus niveles de ingenuidad porque los tiene muy altos. Muy probablemente, este indignado internauta usa todos los días una aplicación de mensajería que le permite ahorrarse lo que antes pagaba por los anticuados SMS, al tiempo que consulta su perfil en la red social más famosa del mundo sin tener que preocuparse de si eso repercutirá sobre su cuenta corriente. ¿De verdad cree que ese servicio se le ofrece a cambio de “nada”? El resplandor de lo gratis sigue cegando a muchos incautos. Como ocurre con tantas otras cosas que antes eran de pago y ahora no, el cambio puede estar saliendo muy caro, porque cuando algo es gratis el producto eres tú.

 

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