Presencias

Presencias

Sobre la fiebre de Pokemon Go ya está dicho casi todo menos lo que a mí más me interesa. En pocas semanas ya todo el mundo conoce la noticia, ha hecho chistes sobre el tema, lo ha utilizado como metáfora de la situación política, ha enviado memes a sus amigos y se ha lamentado de la decadencia de occidente. Ha dado tiempo hasta para que vuelvan a caer las acciones de Nintendo. Y a pesar de tanto ruido mediático, seguimos sin saber lo más importante. ¿Por qué ha triunfado este juego a escala mundial? ¿Por qué éste y no los otros cientos que se proponen todos los días a los usuarios de smarphones? ¿Qué tiene PGo que no tengan los demás?

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La realidad aumentada existe desde hace muchos años y ha sido utilizada en varias campañas de publicidad que se cuentan por fracasos, por no hablar de los Pokemons, unos bichos perdidos en el olvido hace años y a los que nadie parecía echar de menos hasta ahora. Ni lo uno ni lo otro pueden explicar el furor de este juego. Tiene que ser otra cosa.

No pretendo hacerme el listo ni ser demasiado original, pero yo tengo una teoría. El secreto de Pokemon Go es que nos gustan los fantasmas. El morbo irresistible de este juego es saber que aquí y ahora puede haber una presencia que no detectamos con nuestros cinco sentidos, que hay algo o alguien entre nosotros; algo que solo un médium o una grabación especializada en psicofonías o -en este caso- una aplicación de móvil puede descubrirnos. El éxito de PGo es el de tantos y tantos charlatanes que durante siglos han embaucado a su audiencia con sus súper-poderes para ver “más allá de la realidad”.

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Pokemo Go es una aplicación médium. Revela presencias, y eso es fascinante porque nos confirma que aquí “hay algo más”. Nada es más humano que no conformarse con los límites de la realidad, sobre todo cuando la realidad es tan desastrosa como la del mundo actual. Por eso no es extraño que la satisfacción del deseo de romper estos límites se convierta en un gran negocio. Los hechiceros de la tribu lo hacen por la vía de “trascender la realidad” y ahora los científicos -solo un poco más humildes- por la de “aumentarla” con tecnología. Como estamos en tiempos líquidos, las posibilidades de mezcla de lo trascendente con lo aumentado pueden ser muy interesantes y no hay que descartar nada ¿Qué pasaría si el Vaticano lanzara una aplicación para ver ángeles donde ahora solo vemos cemento o campo? ¿Y qué pasaría si Nintendo anunciara un concierto del fantasma de Jimi Hendrix en la plaza de alguna ciudad europea? Éxito asegurado.

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