Leo el ecologista

Leo el ecologista

Leonardo di Caprio (Hollywood, 1974) ha ganado el premio más importante que se concede en su pueblo, el Oscar de la Academia. Los paisanos de la aldea global lo han celebrado con memes y videos de viralidad altamente contagiosa. Si ganar el Oscar tiene mérito, no es menor el de celebrarlo a escala mundial, habida cuenta de que con este suceso se acaba un cachondeo que ha durado décadas. Estaríamos muy tristes echando de menos las bromas humillantes sobre Di Caprio si no fuera porque otros vendrán muy pronto a ocupar la vacante de chivo expiatorio en los ciber-aquelarres del escarnio. Si algo tienen las redes sociales es su capacidad para suministrar víctimas propiciatorias a los haters.

El actor ha estado bien en su discurso de agradecimiento. Como la película se ha rodado en exteriores, ha aprovechado para lanzar un mensaje ecologista. Se ha pasado un poco, porque ha dicho que la peli trata sobre “la relación del hombre con la naturaleza” y ha terminado con una frase muy aplaudida: “No hay que dar el planeta por sentado” (take for granted, en inglés). No es muy cierto ni lo uno ni lo otro, pero se le perdona porque era su noche.

Más que la relación del hombre con la naturaleza, la película cuenta la historia de una venganza, y si tiene algún mensaje ecologista es el que encarna Tom Hardy, el antagonista de DiCaprio, que por cierto se quedó sin Oscar en la categoría de mejor actor secundario. Lo de este personaje también es una “verdad incómoda”, aunque no tan complaciente para su portavoz como la del documental de Al Gore: en la naturaleza lo importante es sobrevivir y en ambientes así de hostiles no hay espacio para miramientos morales. Comportarse de acuerdo a este principio darwinista elemental le cuesta a su personaje la vida y a Tom Hardy el Oscar. El oso tampoco sale bien parado, y eso que solo buscaba su alimento para superar el invierno antes de que llegue la temporada del salmón.

O sea, que en “El renacido” el verdadero ecologista tal vez sea el malo, pero de eso no se habla ni en las redes sociales ni en ningún foro respetable.

Tampoco es cierto lo de que haya que “dar el planeta por sentado”. Lo que no hay que dar por sentado es que al paso que vamos siga habiendo vida humana en su superficie. El cambio climático no está destruyendo nada, solo está haciendo que el planeta sea menos habitable para el homo sapiens, y si yo fuera el planeta estaría contento.

Pero todas estas menudencias no tienen importancia comparadas con la alegría planetaria que supuso ver a DiCaprio levantar su trofeo, que esta vez era una estatuilla antropomórfica de metal dorado, no un ejemplar de homo sapiens hembra. El orgullo de los fofisanos consigue su premio después de seis intentos fallidos. Algo tiene esta imagen para conectar tan bien con el subconsciente colectivo. Como sabe todo el mundo, en las redes sociales no solo se hacen bromas. También abundan los mensajes new age, que en esta ocasión han convertido a Leo en la metáfora perfecta del concepto “la perseverancia tiene su recompensa”. Lo malo es que en España el ejemplo de DiCaprio quedó un poco eclipsado por una noticia deportiva que se produjo el mismo día de los Oscars. El jugador de baloncesto Sergio Llull encestó un triple desde su campo cuando faltaban menos de dos segundos para terminar el partido y dio con ello la victoria a su equipo (trending topic inmediato). Cuando se le preguntó cómo lo había hecho, la respuesta de Llull fue lo menos Paulo Coelho que se puede imaginar: “ha sido un churro, pero hemos ganado”. Eso sí que es un mensaje ecologista: no hay un diseño inteligente, el destino depende del azar. Una verdad incómoda.

Compartir: