¿Para qué sirve una encuesta electoral?

¿Para qué sirve una encuesta electoral?

Tal vez involuntariamente, Ángela Merkel ha resumido en una frase el resultado de las elecciones generales del 20-D en España: “No sé a quién felicitar”.

Aunque en la noche electoral se haya repetido el dudoso y conocido espectáculo de autocomplacencia y falso júbilo en todas las sedes de los partidos -salvo alguna honrosa u obligada excepción-, es inevitable compartir la duda de la canciller alemana.

A lo mejor es que no ha ganado nadie. Mucho más fácil que felicitar al ganador sería compadecer al perdedor, que son los sociólogos; y más concretamente los institutos de investigación, cuyas encuestas han hecho el ridículo más de lo habitual. Suponiendo que su intención fuera adelantar los resultados electorales (cualquier otro objetivo sería espurio) el fracaso es notable e indiscutible. Mal futuro tendrían estas empresas si tuvieran que vivir de los sondeos.

Sin embargo, y por suerte para ellas, no viven de los sondeos, sino de hacer estudios de mercado y prospecciones demoscópicas para empresas privadas, sobre todo en cuestiones de marketing y publicidad. Sería interesante saber cómo van a explicar ahora a estos clientes de la empresa privada su desastrosa puntería en el 20-D. La pregunta tiene morbo: ¿Encargaría usted un estudio de mercado antes de lanzar un producto o una campaña de publicidad a una empresa que se ha equivocado estrepitosamente en las encuestas electorales?

Antes de responder, escuchemos a los autores de estas encuestas. También tienen derecho a defenderse. Un posible alegato podría ser este: “Señor cliente, no se confunda. Hacer un estudio de mercado no tiene nada que ver con hacer una encuesta electoral. Nosotros cuando hacemos un estudio de mercado, -por ejemplo, de cara a un lanzamiento- tratamos de averiguar el efecto que una campaña o un producto tendrá en el mercado, cómo será recibido y aceptado, si ese producto será comprado o se quedará en el escaparate. Cosas normales para ayudar a nuestros clientes a tomar decisiones. En cambio, cuando se nos encarga una encuesta para publicarla en un medio, la encuesta es parte de la campaña, porque los medios españoles están politizados y son vehículos de propaganda política. Con la encuesta no tratamos de averiguar si el producto se comprará o no, tratamos de venderlo. Entiende la diferencia ¿no? Pues eso; y no me haga hablar más, se lo ruego”.

O sea, que la encuesta es un anuncio de publicidad, o casi podríamos decir que es branded content, porque mientras entretiene a su lector le está colocando un mensaje de marca en el top of mind (que es de lo que se trata con el branded content).

Todos los expertos saben que los sondeos electorales tienen un efecto performativo (ayudan a cumplir su profecía). Tal vez por eso exista la absurda prohibición de publicarlos la semana antes de votar. Sabiendo esto, y después de escuchar al abogado defensor, repitamos la pregunta: ¿Han sido eficaces las encuestas electorales? La respuesta es que sí… bastante. Lo suficiente como para justificar su precio de mercado. Quizás los institutos de investigación no hayan sido tan perdedores, quizás hayan sido los únicos que han ganado.

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