Narcisismo violento

Narcisismo violento

No sé exactamente en qué año dijo Warhol su famosa frase sobre los 15 minutos de fama que todos tendríamos en el futuro. Me imagino que sería a finales de los 70, cuando solo Isaac Asimov, McLuhan y algún otro visionario anticipaban la revolución tecnológica del nuevo milenio.

Ahora ya se puede decir que si el genio del pop-art no acertó del todo con su pronóstico fue más bien porque se quedó corto. Han pasado tantas cosas desde entonces que la realidad ha superado hasta las profecías más inverosímiles.

Es cierto. Seas quien seas, tendrás ese momento de fama mundial, aunque probablemente no durará 15 minutos. Warhol no intuyó que en el futuro tanto tiempo sería una eternidad. Ahora todo es fugaz, pasajero y veloz; y cada vez lo es más. Tal vez solo tengas cinco minutos, como Amanda y Manuel en la canción de Víctor Jara. Y aún así será mucho. Son cinco minutos, pero la vida es eterna en cinco minutos.

Lo que nadie puede anticipar es el motivo por el que te harás famoso. Por suerte, todavía es posible que eso dependa de ti. A Fran Alcalá le ha llegado ese momento siendo todavía muy joven, apenas 21 años. Sus cinco minutos de fama no se los ha merecido por ayudar a una niña refugiada en la frontera de Hungría, o por salvar a un náufrago del Mediterráneo o -si no queremos ponernos épicos- por grabar un vídeo cómico viral que consigue miles de visitas en Youtube. Ha sido por matar a un toro con una lanza entre vítores y aplausos de sus paisanos.

Los aldeanos globales no concedemos los laureles de celebridad únicamente a quien contribuye a construir un mundo mejor con un acto ejemplar o nos proporciona un efímero instante de felicidad con un buen chiste. En este juego también participan los más canallas, los brutos, los necios y hasta los “pedazo de imbéciles” (cacho-bobo es el apodo del heroico lancero de Tordesillas). Cuando Warhol dijo “todo el mundo” anticipaba más un deseado paraíso del exhibicionismo que lo que de verdad ha venido, que es el imperio del narcisismo a toda costa. Aquí la distopía no consiste en que no podamos ocultar nuestra intimidad porque estamos rodeados de drones espía, sino en una epidemia de narcisismo que hace que sean los propios individuos quienes busquen su perdición por alcanzar la fama.

El modelo más aberrante de esta tendencia es el narcisista-suicida, una macabra tendencia. Andreas Lubitz decidió que sus 5 minutos de fama serían póstumos, y para ello estrelló un avión lleno de pasajeros inocentes contra los Alpes. “Todo el mundo hablará de mí” le dijo a su novia unos días antes. La tragedia fue tan triste que mereció incluso más de cinco minutos de atención planetaria (aunque ya poca gente habla de aquello más allá de los familiares de las víctimas). La tentación de los cinco minutos póstumos de fama está haciendo estragos. Probablemente, los terroristas-bomba están más movidos por este narcisismo contemporáneo que por sus presuntos ideales o la voz de dios en su cabeza. Y lo mismo les ocurre a esos pistoleros de los colegios norteamericanos que provocan masacres entre sus compañeros y maestros. Cuando alguno sobrevive y se le somete a un interrogatorio que empieza por lo evidente -«¿Por qué lo hiciste?»-, nunca sabe explicarse ni bien ni mal; ni como supremacista, ni como yihadista ni como mártir de nada. Todos son más bien idiotas, y su argumentación es tan pobre que alimenta la sospecha de que lo hizo por la fama. Que le pregunten a Fran Alcalá por qué ha matado al toro. Su explicación puede convertirse en el mayor argumento en contra de la fiesta del Toro de la Vega. Diga lo que diga y cómo lo diga, la verdad cada día está más clara: Lo hizo para ser alguien, aunque solo fuera por cinco minutos… y al pobre no se le ocurrió otro modo de conseguirlo.

 

 

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