Sexo virtual

Sexo virtual

Mucho se está hablando del efecto que las nuevas tecnologías tienen sobre el cerebro humano, pero poco sobre el que sin duda también causan en otros órganos. Al fin y al cabo, el cerebro no es la única parte del cuerpo con la que pensamos o imaginamos, sobre todo los hombres, y tal vez por eso Woody Allen ha dicho en alguna ocasión que es solo “su segundo órgano favorito”.

El primero ya suponemos todos cuál es, y hay muchas razones para pensar que el excesivo uso de Internet también está afectando gravemente a su funcionamiento. El caso Ashley Madison ha revelado mucho más que los nombres de algunos de los 32 millones de usuarios de esta web especializada en poner en contacto a personas que buscan infidelidades matrimoniales. Ha revelado que muchos negocios que operan en la realidad virtual tienen mucho más de virtual que de real, y otras cosas que quizás sería mejor no saber.

La historia no empezó tan mal. El tráfico de este sitio web aumentó tanto durante los días posteriores a la publicación de la noticia del hackeo que casi invitaba a pensar que en realidad todo se había orquestado desde el departamento de marketing de Avid Life Media, la empresa propietaria de la marca, para conseguir notoriedad, hacer solemnes promesas de que no volvería a ocurrir y conseguir la suscripción de los excitados curiosos que se lo creyeran. La campaña habría sido genial si no fuera porque se les ha ido de las manos y ha terminado con la dimisión del CEO de la compañía. Por el momento, algunos usuarios ya han denunciado al portal por no garantizar la confidencialidad de sus datos, mientras que otros, seguramente pensando que no hay indemnización posible que les compense el daño y la vergüenza, han llegado al dramático extremo de suicidarse (tal vez sean las primeras víctimas mortales del Big Data). Siendo esto lo más grave, tampoco es desdeñable otra vergonzosa realidad que se ha descubierto sobre este portal de citas, a juzgar por algunas investigaciones publicadas. Aunque el negocio pretende sobre todo encuentros heterosexuales de personas casadas, y lo hace con el lema “la vida es corta, ten una aventura”, lo cierto es que la mayoría de sus usuarios son hombres; y que las pocas mujeres que lo visitan no lo hacen con la intención real de encontrar un amante esporádico sino por curiosidad, para sentirse deseadas, flirtear e incluso con la clara intención de pillar a su marido.

O sea, que La Red vuelve a descubrirnos esa parte de la naturaleza humana que era más fácil ocultar cuando las nuevas tecnologías no daban tantas facilidades para saberlo todo. Ashley Madison es un portal de fantasías sexuales que intenta explotar una vieja contradicción de nuestros modos sociales en el que las mujeres no están colaborando tanto como los hombres. Dicen que los albatros son monógamos y sus parejas pueden vivir más de cincuenta años juntos, pero nosotros descendemos del mono, que es claramente polígamo en todas sus variantes, incluida la humana. Esto es fuente de constantes conflictos, sobre todo para el humano macho, que parece llevar bastante peor que la hembra eso de la renuncia a la variedad sexual implícita en la promesa matrimonial, como queda demostrado por el entusiasmo con el que se ha lanzado al portal de Ashely Madison en busca de un desahogo que por lo visto solo es virtual en la mayoría de los casos. La vida es corta y la realidad tozuda. Ellas no lo necesitan tanto como ellos. O tal vez lo que no necesitan es un portal cuando buscan un amante. El mundo real está lleno de monos macho en celo.

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