Adiós, Mr. Draper

Adiós, Mr. Draper

Siete temporadas ha durado la caída de Donald Draper al vacío. O por decirlo en otra medida de tiempo: toda una década; la de los años sesenta. Durante este apasionante viaje hemos visto a las mujeres hacer su revolución silenciosa contra el machismo en el trabajo, a expensas de grandes y dolorosas renuncias en su vida privada. También hemos comprobado como los hijos de la generación que venció al fascismo renegaba de sus sacrificados padres para entregarse a un estilo de vida individualista que empezó siendo inocente y acabaría en los ochenta rompiendo los consensos sociales y dando paso a los depredadores yuppies; esos que hacían yoga a orillas de un acantilado de la costa californiana en el último capítulo de Mad Men fácilmente podrían estar diez años después votando a Reagan y especulando en Wall Street. En defintiiva, hemos asistido al nacimiento de un estilo de vida americano que colonizaría el mundo. Y los profesionales de la publicidad hemos disfrutado mirando como los redactores de la publicidad post-Bernbach convertían los productos y marcas en señas de identidad de quienes los consumen.https://www.youtube.com/watch?v=vEcg3L9rpb4Donald Draper ha sido el maestro de ceremonias de este espectáculo. Muchos pensaban que la cabecera de la serie anunciaba un final trágico para este personaje. Corrían rumores de que en el último episodio saltaría por la ventana de la agencia para estamparse contra el asfalto de Madison Avenue. Pero Matthew Weiner es demasiado genial como para elegir una metáfora tan evidente. Le funcionó bastante bien el final abierto de Los Soprano, sobre el que todavía se hacen conjeturas, y no iba a desperdiciar la oportunidad de volver a sorprender a su público.

Draper es la encarnación del espíritu consumista de esta época, un hombre inteligente cuya experiencia personal se convertirá en fuente de inspiración para su trabajo creativo. Está vacío e insatisfecho y tiene una desesperada necesidad de encontrar una identidad perdida. De alguna manera ha hallado la manera de utilizar este drama existencial para elaborar argumentos de venta para los productos y marcas de sus clientes. Con su publicidad hará del consumo la persecución permanente de una felicidad inalcanzable. O sea, lo que le pasa a él con su propia vida. Lo que otros hacen con los productos, él lo hace con las mujeres: las consume intentando encontrarse a sí mismo, y nunca es suficiente.

El final es una genialidad. Lo que parecía que iba a ser una redención casi religiosa acaba resultando un humilde ejercicio de auto-aceptación. Draper será el hombre que rodará el famoso anuncio Hilltop prometiendo a la gente que la felicidad está en una botella de Coca Cola. El creativo que se fue a un balneario hippie para salir de la trampa de su propia vida no halló la respuesta a su crisis personal, pero sí encontró la idea para su próxima campaña. Y todo para una agencia multinacional que tiene por lema: “la verdad bien contada” y para una marca que ya no tiene que pagar para que los guionistas más talentosos del mundo le hagan el branded content.

https://www.youtube.com/watch?v=2msbfN81Gm0

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