¿Esto no será una campaña de marketing?

¿Esto no será una campaña de marketing?

Si se trataba de crear “story telling” para el lanzamiento de la película “La entrevista”, a los creativos de Sony Pictures tal vez se les haya ido la cosa de las manos. Aunque visto el resultado, igual les dan un premio, porque se espera que por una vez el taquillazo de Navidad sea una astracanada cómico satírica y no la típica producción empalagosa de renos, hadas y muñecos de nieve.

Eso sí, de la calidad de la pelicula mejor no hablar. Es muy posible que la campaña sea una película mejor que la propia película, pero tampoco sería la primera vez que la publicidad supera al producto. A este paso elegir una marca acabará siendo nuestra manera de agradecerle el branded content. El producto comprado es la entrada. Una entrada pagada en diferido y cuando ya se ha asistido al espectáculo. La alteración del orden de factores ya no distingue el producto. En España hay teatros disfrazados de frutería en los que te venden un par de zanahorias y en agradecimiento te permiten asistir a una representación; es su manera de evitar el punitivo 21% de IVA cultural del gobierno de Rajoy. Vivimos tiempos invertidos y por eso no es extraño que la publicidad se convierta en producto y el producto en regalo promocional, como ya pasó con los coleccionables de la prensa.

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Hay que reconocer que en el caso de “La entrevista”, la película sobre la película tiene de todo: espionaje, hackers, amenazas de guerra, crisis bursátiles, comparecencias del presidente de los Estados Unidos, revelación de secretos y hasta grandes apagones, como en las pelis de catástrofes. A ver qué guionista supera eso. Y qué productor es capaz de contratar a Obama para que defienda la película en una rueda de prensa de alcance mundial. Si se trataba de insinuar que estrenarla (y verla) es casi un acto de patriotismo y una defensa de la democracia hay películas que merecen mucho más ese cumplido. Por ejemplo, “Todos los hombres del presidente”, de Alan J. Pakula, “Missing” de Costa Gavras o la más reciente “La noche más oscura” de Kathryn Bigelow, todas ellas bastante críticas con el sistema democrático y cuya sola existencia ya es una prueba de que la democracia es muy criticable pero por lo menos permite que existan películas que la critican, no como en Corea del Norte.

Además, “La entrevista” ni siquiera es cine político. A juzgar por el trailer pertenece más al género “Agárralo como puedas” o “Hot Shots”. Ni siquiera puede considerarse una comedia satírica contra el poder al estilo de “Ser o no ser” de Lubitsch. Esta parodia de un tirano paranoide tiene muchos tiros, persecuciones y chistes escatológicos; difícilmente superará en mérito artístico y coraje humanista a la de Chaplin en “El Gran dictador”, rodada cuando Hitler todavía dominaba Europa.

Tampoco es un descubrimiento que los dictadores son bastante ridículos. Cualquiera ve ahora un vídeo de Mussolini o Hitler en Youtube y se pregunta cómo no se daba cuenta la masa del histrionismo y el amaneramiento del amado líder. Tal vez sea una cuestión de tiempo que cambie la percepción. Lo que primero da miedo luego da risa. Como dijo un personaje de Woody Allen en otra película infinitamente mejor que “La entrevista”: “comedia es tragedia más tiempo”. Lo que pasa es que las nuevas tecnologías no solo han encogido el espacio hasta hacer un mundo más pequeño, también han encogido el tiempo y ya no tenemos que esperar mucho para saber que Kim Jong-un mereceía esta mala película, por mucho que todavía pueda apretar un botón rojo.

 

 

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