Sabemos que mentís

Sabemos que mentís

La credibilidad de Operación Palace dura menos que el coito de un orangután, que según el libro “El mono desnudo” de Desmond Morris raras veces pasa de los nueve segundos.

No obstante, rendida la credulidad sin que apenas hayan pasado los títulos de crédito, el documental se ve con gusto y consigue el que supongo es su principal propósito: hacer reír; o, cómo dice alguno de los comediantes protagonistas, “desdramatizar” un asunto que en otro tiempo fue muy serio. Todo lo demás que se está diciendo sobre esta producción es como mínimo exagerado. Asegurar que es una invitación a reflexionar sobre la exposición de los ciudadanos a la mentira en el nuevo ecosistema mediático es casi tan ingenuo como haber pasado de esos nueve segundos con la credulidad intacta. Lo siento, pero esta bufonada no tiene tanto poder porque la denuncia en tono satírico llega demasiado tarde.

Todo lo que Operación Palace puede enseñarnos sobre la impostura y el engaño que nos rodean a diario ya lo sabíamos. Lo aprendimos, sobre todo, en Internet, que es la babilonia de la mentira como muy bien saben todos los que a diario navegan por allí disfrutando de memes fantasiosos, citas inventadas, noticias falsas, montajes y remedios milagrosos que nunca le aplicarían a su hijo enfermo.

Vivimos en un mundo donde no existe lugar sagrado que la mentira no haya profanado ya de sobra. Mienten los políticos y lo sabemos, mienten los periodistas y lo sabemos, mienten los empresarios, los obispos, los artistas, los intelectuales, hasta los votantes se mienten a sí mismos; miente todo el mundo y a todas horas y por eso ya no hay Cándido que se crea eso de que una cosa “tiene que ser verdad porque lo dice la televisión”.

Hay quien se está pasando al calificar de genial el estimable mockumental de Évole, cuya originalidad no es que hayamos visto mentir a influenciadores que se dirigen con frecuencia a la opinión pública, sino que lo hacen poniendo la misma cara y el mismo tono que cuando pretenden ser creídos. No les ha importado poner en juego su credibilidad y eso también es un síntoma de la enfermedad social que padece el mundo en que vivimos. Sería interesante conocer la lista de los que se negaron a participar para que no se note que no hay mucha -o ninguna- diferencia entre cuando dicen una verdad y cuando dicen una mentira. Operación Palace cuenta que el 23f fue una gran mentira para engañar a los españoles por su propio bien (o sea, lo mismo que pretende el propio documental 33 años después; solo que éste dice al final aquello de “venga, que era broma”). El mayor de sus sarcasmos es que, dentro de la ficción, el único que no queda como un mentiroso es un personaje tan nefasto como el golpista Tejero.

Ha conseguido mucha audiencia, pero la conmoción que pueda haber creado su emisión no va a durar mucho, y será enterrada por nuevas noticias hasta quedar al nivel de anécdota jocosa. Otra cosa es que se hubiera grabado y emitido hace años, o incluso décadas.

Orson Welles dirigió la emisión radiofónica de La guerra de los mundos en 1938, cuando los medios de comunicación tenían una credibilidad pontificia y nadie se atrevía a dudar de lo que se decía en ellos. Poco después, en 1941, Welles volvería a tratar el tema del poder de los medios de comunicación para fabricar verdades en “Ciudadano Kane”, donde se incluye este diálogo:

Emily.- Pero cariño, la gente va a pensar…

Kane.- Lo que yo les ordene que piensen

Y si se trata del poder liberador del humor, Ernst Lubitsch rodó “Ser o no ser”, una sátira destructiva del nazismo, también repleta de impostura teatral, en 1942; o sea, en plena guerra mundial y cuando aún no se sabía quien iba a ganarla. Eso sí que es utilizar el humor como agitador de conciencias, y cuando el momento histórico lo pide.

Por respeto a estos genios del cine hay que decir que lo de Évole juega en una liga inferior. Hoy puede parecer ingenuo que alguien se creyera que nos estaban invadiendo los extraterrestres porque lo decían los actores del Mercury Theatre por la radio, pero eso sucedía en 1938, cuando la relación de la audiencia con los medios de comunicación era de una confianza que casi llegaba a la servidumbre religiosa. Mucho más ingenuo es creerse los disparates del guión de Operación Palace en 2014 después de toda la manipulación informativa a la que se ha sometido a la ciudadanía a lo largo de décadas. Estamos demasiado escarmentados.

Según una encuesta telefónica realizada justo después de la emisión de Operación Palace, solo un 10% de la audiencia se había creído la teoría de la conspiración relatada en el documental.

Evidentemente, esa encuesta me la acabo de inventar, pero el dato no me sorprendería que fuera cierto.

Bola extra: a mí lo único que me ha molestado de Operación Palace es cuando uno de los entrevistados dice eso de “yo es que soy muy buen actor” para explicar que sabe mentir. A ver si nos enteramos de una vez de que un buen actor es precisamente el que no sabe mentir.

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