Que pongan más barato el precio de ser honrado

Que pongan más barato el precio de ser honrado

Sucedió en el por muchos llamado “país de la piratería”; o sea, en España. Durante tres días consecutivos, miles de espectadores llenaron las salas para ver cine en el cine. En las calles de las ciudades españolas se volvieron a ver imágenes de otro tiempo; largas colas de pacientes ciudadanos esperando su turno para comprar una entrada, algunos bajo una lluvia torrencial. ¿Asombroso? ¿Insólito? ¿Inaudito? No tanto. La explicación es bastante simple.

La causa de este ataque de afición cinéfila de los españoles no fue una campaña estatal de vacunación contra la piratería ni una subida repentina de la calidad de las películas, sino algo que por sencillo parece increíble que a algunas personas inteligentes todavía no les haya entrado en la cabeza: precios más baratos.

Que conste: la Fiesta del Cine no es una idea nueva. Se celebra desde 2009, pero nunca había tenido un éxito de esta envergadura porque nunca había tenido tanta difusión en las redes sociales ni su mecánica promocional había sido tan cómoda. El presunto enemigo de las salas del cine (la Red) ha sido en esta ocasión su mejor aliado. Un ciber-trámite sencillísimo (imprimir un carnet de participante en la web fiestadelcine.com) daba la oportunidad de pagar 2.90 euros por casi cualquier película durante los días de la promoción.

También las redes sociales hicieron su parte. Los días 22 y 23 #fiestadelcine fue trending topic durante más de dos horas y media (más de 4.000 tuits con más de dos millones y medio de impactos)

Los resultados han sorprendido hasta a los más optimistas y obligan a la reflexión. Tanto hablar de que el futuro del cine está en las nuevas plataformas de difusión online a la carta, de la obsolescencia del modelo de exhibición en salas, del poco respeto de los españoles a la propiedad intelectual o de otras teorías visionarias y ha bastado esta rebaja para demostrar que ir al cine sigue siendo un buen plan para “salir”; siempre que eso no suponga una quiebra de la economía doméstica o pueda competir con otros planes alternativos.

Como dijo Pedro Almodóvar en un articulo publicado en infolibre los días previos a la celebración de la fiesta del cine: “Es cierto que vivimos una nueva era, cuyos hábitos respecto al ocio han cambiado, pero en Francia viven en la misma era que nosotros y la gente sigue yendo al cine”. Y no es porque ellos sean franceses cultivados y nosotros españoles embrutecidos, sino porque el cine es un producto consumido principalmente por clases medias y jóvenes y resulta que ese extracto social en Francia todavía conserva un poder adquisitivo que en España ya se ha perdido desde que se intenta salir de la crisis con medidas que aumentan la desigualdad; y porque en Francia el IVA de las entradas es del 7% -y el año que viene bajará al 5%- mientras que en España es del 21% (el mayor de la Unión Europea).

1,8 millones de registros en el sitio web de la fiesta del cine, 1.513.958 espectadores en tres días, un 98% más que en la edición pasada de la fiesta del cine y un 663% más que en los tres primeros días de la semana anterior. Los datos son elocuentes y sirven para sacar muchas conclusiones que no solo iluminarán el debate sobre si España es un país irremediablemente pirata, sino muchos otros sobre las consecuencias de la caída de las rentas salariales y el consumo interno.

Y por cierto, bola extra: tres de las diez películas más vistas durante estos tres exitosos días de promoción eran españolas. Alguien está muy equivocado y debe rectificar.

 

 

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