Propaganda por encima de nuestras posibilidades

Propaganda por encima de nuestras posibilidades

“¡Alguien tiene que parar esto! Pero mientras tanto…” escribía un internauta en su perfil de Facebook mientras compartía el último meme sobre la actuación de Ana Botella ante el COI en Buenos Aires. Habían pasado ya más de dos semanas desde que este hito en la “Historia universal del ridículo espantoso” quedó grabado en nuestras memorias para siempre. Demasiado tiempo para un fenómeno socialmediático en la red, y sin embargo el tema seguía vivo y resistiendo el empuje de otros acontecimientos altamente competitivos como la Vía Catalana o el último escándalo de corrupción. Lo nunca visto. ¿Qué ha pasado? ¿Por qué este tema tiene larga vida y otros no?

CCCL

Cientos de memes gráficos, sitios Facebook dedicados al “relaxing café con leche”, quedadas, flashmobs, canciones, videos troll, hastags, trending topics… la fiesta parecía que no iba a parar nunca.

La catarsis que España estaba demandando desde hacía tiempo tomaba la forma de un cachondeo general en las redes sociales, ese espacio anárquico que el poder político todavía no ha podido colonizar para difundir su propaganda.

Porque esto ha sido también un duelo de influenciadores de la opinión pública; por una parte los oficiales, pseudo-oficiales o subvecionados, en los que se vendía una ilusión poco fundamentada en hechos, y por otra los indomables y libertinos, desde los que se intentaba desenmascarar la charada política oficial. Cada uno con sus defectos y virtudes.

La historia del fiasco olímpico comenzó mucho antes de aquel fatídico 7 de septiembre. Una corriente de información dirigida desde el poder nos había convencido de que éramos favoritos. Para ello hubo que vender una ciudad que no existe con una propaganda cuya onda expansiva no llegaba más allá de las fronteras patrias, donde el favorito era Tokio.

Una vez en Buenos Aires, la euforia anticipatoria produjo los primeros acontecimientos sonrojantes cuando Alejandro Blanco, presidente del COE, dijo que “Dios iba con Madrid” o El Mundo publicó un titular de primera plana asegurando que “50 de los 98 miembros del COI han prometido votar a Madrid”.

Estaba claro que con tan conspicuos aliados de este y otros mundos, aquello iba a ser un paseo.

el-mundo

Sin embargo, no hubo que esperar al día de las votaciones para empezar a perder la fe en Dios, en el COI y -lo que es peor- en nosotros mismos. Las ruedas de prensa de la comitiva española dejaban al descubierto nuestra verdadera cara con patinazos idiomáticos como el “repeat the ask” del inefable Alejandro Blanco. Eran los primeros bocados de esa fiera llamada realidad. Por entonces la Red ya se declaraba mayoritariamente escéptica, pero aún faltaba lo peor.

Llegó el gran día. La Armada Invencible tuvo que enfrentarse a los elementos cuando la retransmisión para todo el mundo de la presentación española se interrumpió por causa de una gran tormenta. Precisamente cuando intervenía Pau Gasol, uno de nuestros mejores almirantes. Los internautas lo consideraron premonitorio, y no se equivocaron.

La tormenta descargó en el peor momento, pero ya era tarde para recuperarse del impacto producido previamente por la actuación de Ana Botella. Ni siquiera Don Quijote podría haber seguido viendo gigantes donde había molinos después de escuchar lo de “Madrid is faaaan” y el “relaxing café con leche in Plaza Mayor”. No había duda. No éramos caballeros medievales en singular batalla. Los molinos nos habían tirado de nuestro esquelético caballo contra el duro suelo de la realidad. Ni éramos modernos, ni éramos potentes, ni éramos favoritos, ni éramos faaaan. Las redes hacía días que avisaban, eran nuestro Sancho Panza virtual, pero la oficialidad no les hacía caso. Como decían los japoneses en las vísperas de la elección cada vez que alguien les preguntaba por Madrid, la nuestra era la opción “low cost”. Y así no se puede ganar.

Hablar un inglés macarrónico puede considerarse una desventaja, pero no tiene por qué ser definitiva. Se puede renunciar a hablar en esa lengua franca y recurrir al español, que es también un idioma universal. Lo malo no es hablar mal inglés, sino no saber lo mal que lo hablas. Esa falta de contacto con la realidad ha sido el verdadero error mediático. Por no hablar de que la comunicación no es solo forma sino también fondo, porque entonces tendríamos que referirnos también a lo insustancial del discurso. ¿Café con leche? Que le den las Olimpiadas a Venecia: there is nothing like a cup of caffé latte in Piazza San Marco (sobre todo en el Florian)

Caffe-Florian-Venice

Las usuarios de las redes sociales, tantas veces acusados de mentir, manipular, difamar, calumniar o fantasear, cuando no de ocupar el lugar que le corresponde legítimamente a la “verdadera prensa”, estuvieron esta vez mucho más cerca de la verdad. Ganaron este duelo de influenciadores porque al final siempre gana la realidad. El cachondeo posterior no es más que la celebración de esa victoria contra la falsa cara del país que algunos se empeñan en vendernos. La España que asombra al mundo.

La catarsis olímpica podría convertirse en la lección necesaria para conocernos mejor, dicen que algo parecido sucedió después de la Guerra de Cuba, en la que la prensa también hizo el ridículo hablando de la gloria imperial española y luego tuvo que dar cuenta de una calamitosa derrota frente a Estados Unidos. De aquella caída del caballo nació la espléndida Generación del 98 (bautizada con el año de la catarsis), a la que, en palabras de Unamuno, “le dolía España”.

Quizás la comparación sea exagerada y no debamos suponer que nacerá ahora una Generación del 13, pero al menos la experiencia podría servirnos para aprender quiénes somos de verdad y por qué.

Por desgracia, no parece que así sea entre la clase política. A su regreso a Madrid, los correligionarios de la alcaldesa declararon que las bromas en la red social iban a beneficiar su candidatura a la renovación del cargo porque estaban “humanizando su imagen y haciéndola más simpática ante los ciudadanos”.

España es contumaz.

Compartir: