Noñoño, la marca y su contenido

Noñoño, la marca y su contenido

Mucho y muy bien se ha escrito ya de la marca Noñoño, brillante concepto del creativo publicitario Ata Arróspide para su línea de ropa infantil “anticursi”.

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Noñoño nace a partir de observaciones propias y ajenas del inquieto Arróspide. Demasiadas veces la experiencia de la paternidad pone en peligro de disolución babosa a quien la vive. Una de las características más conocidas de este estado de ensimismamiento meloso es la absoluta pérdida de sentido de la realidad, cuando no del ridículo. Los síntomas de tan conocida patología se recogen en el “Juramento para mamás noñoñas”, que puede servir también como declaración de principios de la marca.

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En los casos más graves, y por razones todavía desconocidas, el estado de subjetividad extrema derivado de la paternidad contamina seriamente el sentido del gusto de los afectados. Nuevos criterios estéticos se apoderan de ellos como un virus furibundo, con prolija manifestación en la decoración de las habitaciones, la música que escuchan, el lenguaje con el que les hablan, los juguetes que les compran y por supuesto, la ropa con la que los visten.

Pero no hay razón para resignarse. Convencidos de que no es inevitable caer en el síndrome de la ñoñería cuando se tiene un bebé, Ata Arróspide Y Annika Wikstrom crearon Noñoño, ropa para críos no cursis que se vende en tiendas especializadas y online.

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Hasta aquí la historia de un negocio más, con todos los avatares propios de los tiempos que vivimos. Pero este es un blog de publicidad y por tanto tenemos que “hablar de su libro”. O sea, del libro de Ata, titulado “Padres no ñoños, cómo tener un bebé y no volverse unos cursis”, editado por Planeta y de venta en las mejores librerías.

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El caso debería estudiarse en los seminarios de marketing contemporáneo como ejemplo de lo que podría llamarse “contenido-fagocito”.

Explicación: A falta de presupuestos publicitarios mayores y teniendo en cuenta que él es un profesional de la redacción publicitaria, Ata ha practicado desde el primer día el llamado “marketing de contenidos”. Tiene un blog, crea noticias, anima las redes sociales con sus reflexiones sobre la ñoñería, etcétera. Ahora, y como parte de esa misma estrategia de comunicación, ha escrito un libro; y lo que parecía una acción más dentro del plan de marketing corre peligro de desbordar sus límites naturales para fagocitar el producto y apoderarse de la marca.

Tan bien ha salido la campaña editorial, que el “libro-noñoño” ha tenido más repercusión mediática que la “ropa-noñoño”, y no faltará quien empiece a confundir causa y efecto. Es decir, que se piense que la ropa es un regalo promocional creado para aprovechar el éxito del libro.

Es como decir que IKEA es la marca de ese felpudo tan bonito de “Bienvenido a la república independiente de tu casa” que ha terminado abriendo también una tienda de muebles.

Desatinos de los tiempos modernos.

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