El trucho-tiburón

El anuncio de Ford Figo, que ocupó la primera plana de periódicos de todo el mundo por su violencia sexista, resultó ser un trucho presentado a concurso sin consentimiento del anunciante. Truchos similare se extienden por todo el circuito mundial de festivales publicitarios, y a veces se cuelan hasta en la Riviera francesa, pero éste ha levantado ampollas.

Rara es la temporada festivalera en que falta algún escándalo sobre el tema, pero la onda expansiva nunca pasa de las fronteras profesionales. En España este es un tema bastante manido, con hitos antológicos como ganar el Grand Prix de televisión en Cannes con un spot hecho por y para el festival. El famoso Talens no existía como pegamento doméstico, era la marca de un pegamento industrial que aceptó ceder su nombre a esos “cachondos mentales que querían hacer una película sobre monjas”. El resultado ya se sabe: el premio más prestigioso que puede ganar una campaña de publicidad, concedido a un producto que nunca existió. Claro que era el año 92 y a España por entonces se le concedía todo.

Lo que ha ocurrido con la gráfica de JWT India para Ford Figo podría haber sido uno más de esos escándalos pasajeros, pero esta vez algo ha multiplicado el efecto mediático. Ese algo se llama Silvio y se apellida Berlusconi. Que los chicos de JWT India se han pasado es cierto, pero no más que otros. No sólo se han pasado con el contenido sino también presentando en el festival una falsa carta de aprobación del cliente, que es requisito necesario para entrar a concurso. Al menos un par de ejecutivos de la agencia han perdido su empleo debido a esta impostura, y no por haber presentado un trucho sexista a un festival, como se ha dicho.

Tras el sacrifico de estos chivos expiatorios, la agencia conservará la cuenta. Son cosas que pasan en este sector obsesionado por los premios.

Lo que menos se puede perdonar es que si te pasas no sea para crear algo original, gracioso o impactante, no este hentai-cutre que de no haber sido por el interés que ha suscitado en la prensa generalista no habría pasado a la lista corta de ninguna memoria publicitaria. Uno de los ejecutivos despedidos, en un arranque de arrepentimiento sincero, ha explicado su fechoría diciendo que le movió “el hambre de premios”. Inaudito. Si firmar una falsa carta con el nombre del cliente no fuera razón suficiente para despedirle habría que hacerlo por su falta de visión creativa.

Tal vez lo más interesante del caso sea comprobar cómo este suceso ha suscitado en la profesión un debate que ya se creía superado o incluso muerto por agotamiento: el de los truchos; y además a escala mundial. La prestigiosa revista Advertising Age ha dedicado un monográfico al tema con un impactante titular en modo de pregunta: “¿Está la carrera por los premios publicitarios machacando a los anunciantes?”. Nada nuevo bajo El Sol… con perdón.

Javier San Román
Editor Grupo Control
@JavierSRmn

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